POESÍA Y VIDA. Elogio del bufón

En los tiempos que corren, ir al teatro a ver un espectáculo de Albert Boadella es como darse un `chute´ de irreverencia inteligente y, a la vez, de libertad cívica. Una revitalizante sobredosis especialmente contraindicada para timoratos, para políticamente correctos, para paniaguados, para devotos de las mitologías de la modernidad, para `ortodoxos´ (o sea, para quienes profesan `doxas´ desde el `orto´), y principalmente para censores (de ningún tipo, ni diestros ni siniestros).

Él se autoproclama `bufón´, o sea, el que dice la verdad al rey (que, en teatro, no es otro que el público). Y constata con tristeza cómo los bufones de su época han traicionado su misión para dedicarse a las más serviles cortesanías. En nuestros días reina la impostura, la sumisión lerda a “ismos” que aplanan toda perspectiva. Y él, hombre de teatro y por tanto experto en mentiras, las reconoce y las señala una y otra vez: “el emperador está desnudo”, “el emperador es un impostor”. Sin que importe que el “emperador” sea Franco, Pujol y su rica progenie (en toda su polisemia), Tàpies, Juan Carlos I, las fértiles mitologías progres, el Ejército español o la mismísima Iglesia.

No sé si cabe considerar esto como terapia (o, quizás en sentido más tradicional, como catarsis), pero es un hecho que uno sale del teatro mucho más liviano. Y es que el pensamiento que no se cuestiona, que no se airea, que no se solaza con la realidad, se esclerotiza inexorablemente en dogma. Y en nuestro país, sin duda y sin gracia, hay mucho “pensamiento” (agobiante, apelmazado, catequizador) al que urge una dieta de librepensamiento. Esta labor desmitificadora la lleva a cabo poniéndose a salvo del peligro de tomarse demasiado en serio a sí mismo; es decir, sin ceder a la tentación victimista o ególatra, algo nada fácil cuando a los insultos más miserables les suceden elogios no menos desproporcionados. Él se ríe de ambos, con esa risa invencible que brota del sé-quién-soy y sé-lo-que-hago.

Todo ello desde su fidelidad y amor a la profesión de bufón. Pero también como ejercicio cabal de ciudadanía. Y he aquí el felicísimo desdoblamiento en la obra entre “Albert” (el gamberro, ácrata, provocador, irreverente, iconoclasta, “experto en venganzas”…) y “Boadella” (el burgués reflexivo, cívico, ecuánime, valientemente comprometido en la lucha contra el abuso y la injusticia). Su arte teatral brota de la fecunda tensión entre esos dos polos creativos. Y lo mismo cabe decir de su vida, como nos muestra magistralmente en varias anécdotas: así, el hilarante primer encuentro con Pujol (sobre el escenario, sin ningún cambio de vestuario ni caracterización, ¡llega a ser Pujol!; solo esta escena merece el dinero de la entrada), o cuando a la espera de un consejo de guerra supo poner en juego sus artes dramáticas para huir de la cárcel (a Francia, donde no tardó en alborotar el gallinero galo, nunca mejor dicho).

En dos horas que pasan volando, Albert Boadella nos despliega las claves de su trayectoria. Especialmente su devoción por la Belleza. Sin que llegue a entenderse muy bien cómo, nos eleva a la experiencia trascendente de lo bello desde lo cómico. Espiritualidad y comedia refociladamente juntas y revueltas. Como si hubiera encontrado la fórmula para unir la palabra `gracia´ en todas sus acepciones (también de agradecimiento): Quijote y Sancho entrañablemente hibridados. Una belleza que solo puede tener sus raíces en lo sensorial y en lo emocional. ¿Cómo puede llamarse `arte´ a lo que no emociona, no conmueve, no fascina? El tartufismo triunfa en el Arte y también en la vida pública (especialmente en su amada Cataluña). Por eso su reivindicación de la Belleza es también -en la línea de los clásicos- una reivindicación de la Verdad. Incluso de la Bondad y hasta de la Realidad.

De ahí el título de “El sermón del bufón” (son cinco sermones en total). Pero detrás de estos “sermones”, la obra hilvana una historia personal, una biografía. El autor teatral, acostumbrado a hacer verdad de las mentiras, hace ahora “mentira” (ficción teatral) de la verdad. El resultado es deslumbrante: inteligente, irreverente, festivo, emotivo. En la secuencia final el autor nos muestra, con un simbolismo sutil y austero, la reconciliación radical -desde la raíz- entre Albert y Boadella. No hay ruptura entre el niño y el adulto. La inocencia, la mirada y la vitalidad infantiles se acogen, ensanchan y profundizan en lo aprendido a través del largo deambulaje vital. Una bella metáfora, hecha carne, de la autorrealización personal.

El círculo se cierra con este último ejercicio de honestidad vital de alto vuelo poético. Nosotros, sin embargo, confiamos en que vengan muchas piruetas vitales y artísticas más. Porque si no existiera alguien como él, tendríamos que inventarlo, y a ver cómo demonios se hace una cosa así.

Graciès, Albert.

Graciès, Boadella.

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DECÁLOGO PARA UN RETORNO JURÍDICO A LA EDAD MEDIA

He aquí una selección rápida de hechos prodigiosos ocurridos en los últimos días y que nos recuerdan que la Edad Media ya no está tan lejos:

-1) Una multitud se acumula alrededor de la Audiencia y estalla de indignación ante la condena de “la Manada”. Poco después, intentan entrar en la Sala, infructuosamente (nos quedamos así con la duda de si querían linchar a los acusados, a los jueces o a todos).

-2) La condena asciende a 9 años: uno menos de la pena que se puede imponer por un delito de homicidio doloso (de 10 a 15 años) y en el término medio de la pena por las lesiones más graves (de seis a doce años: por ejemplo, una mutilación genital o la generación dolosa de una ceguera). También condenan a indemnizar a la víctima con 50.000 €.

-3) En unas pocas horas, se reúnen más de un millón de firmas que solicitan la inhabilitación de los tres jueces. Las hogueras, preparadas desde bastante antes, empiezan a arder con el eslogan “Hermana, yo sí te creo” que se extiende como la pólvora. Y ello a pesar de que: a) Nadie conoce a la víctima; b) Muy pocos han leído la sentencia; c) Nadie conoce las principales pruebas (el juicio se celebró a puerta cerrada); d) La sentencia sí cree a la víctima (es precisamente lo que “reprocha” el voto particular de manera muy argumentada). Se consideran como hechos probados el contenido del relato de ella, pero concluye, a partir de ellos, que hay un delito contra la libertad sexual cometido con prevalimiento y no una agresión sexual perpetrada con intimidación. Es una cuestión bastante técnica en la que no se ponen de acuerdo ni los expertos. Esta diferencia -poco importante a efectos de condena- se interpreta como una humillación a la víctima, una revictimización, etc.

Este primado de la Fe en el ámbito público es incompatible con un Estado de Derecho. De aceptarse como guía, bastaría con tomar declaración a la víctima y categorizar, según su relato, el delito, sin necesidad de juicio.

-4) Se suceden las reacciones públicas hostiles a los tres jueces, que llegan a insultos gravísimos (“escoria humana”) y aludiendo a la violación de sus hijas. Como es de esperar, se lleva la peor parte el juez del voto particular (“virgen”, pornógrafo, violador …). Todo un catedrático de Derecho Constitucional, Javier Pérez Royo, escribe en un artículo que “tiene que haber sido mucho más dolorosa la conducta de los jueces que la de los que la agredieron.” Y que la sentencia “le repugna”. Verbalmente va aún más lejos: “Este señor se podía haber unido a ‘La Manada’ y haber participado en la penetración”.

-5) Incluso el propio abogado de la víctima se anima al `foul play´: sin ninguna base factual, lanza sospechas sobre la objetividad del juez discrepante y su tendencia a absolver a violadores.

-6) También el abogado de los acusados recibe insultos, acusaciones gravísimas (nada menos que haber violado a la víctima en su interrogatorio) y amenazas. Esto supone en la práctica negar a los acusados el derecho a la defensa.

-7) Representantes de los partidos políticos mayoritarios participan en el Auto de Fe, condenando tajantemente la sentencia y abjurando así de cualquier sombra heteropatriarcal (sin que represente la menor objeción el detalle de no haberla leído). Pablo Iglesias se adelanta a todos y publica a los 15 minutos de la comunicación del fallo el tuit “vergüenza y asco”. El Ayuntamiento de Sevilla declara personas non grata a los cinco acusados. Es una “distinción” que no han recibido asesinos como Miguel Carcaño. No importa que la sentencia no sea firme. Para qué esperar si es ahora cuando arden las redes y las calles. Ni tampoco importa el hecho de que uno de los tres jueces haya solicitado su absolución.

-8) Margarita Robles, portavoz del PSOE, critica al gobierno por no haber puesto en marcha un “seguimiento” para asegurarse de que la sentencia fuera por el buen camino (lo cual nos lleva a la duda de si actuaría de tal guisa cuando ocupó el cargo de Secretaria de Estado). Subraya además que el apoyo que el CGPJ debe prestar a los jueces “no puede hacerse en detrimento ni menoscabo de ninguna víctima de delito, y mucho más cuando se trata de mujeres objeto de salvajes agresiones”. O sea, para ella el juicio no podía significar más que el cumplimiento de un trámite, pues ya tenía claro que se trataba de una salvaje agresión.

-9) Una multitud rodea la sede del Colegio de Abogados de Córdoba a la que ha acudido el ministro de Justicia. Intenta salir en tres ocasiones pero tiene que desistir. La turba le invita a hacerlo asegurándole que lo que van a hacer con él no sería violación (!).

-10) El ministro se lanza resuelto a surfear en lo más alto de la ola del populismo jurídico y acusa al juez del voto particular de “algo” que “sabe todo el mundo” pero que no cuenta: únicamente que se trata de “un problema singular”, el cual, cabe colegir, le impide el ejercicio de su profesión con garantías. Este ministro tiene, sin duda, experiencia en “singularidad problemática” (es el único ministro reprobado por el Parlamento en democracia), pero resulta difícil pensar en una afirmación más impropia, alevosa y cobarde. Proporciona así amparo a la paranoia y deja al juez aún más a pies de los rocines (lo cual suscita el aplauso lógico de M. Robles).

Ha habido un escrutinio feroz del juez y lo único que se ha encontrado es que hace 11 años tuvo una depresión y que se le ha abierto expediente en dos ocasiones por dilaciones a la hora de dictar sentencia (no parece el peor de los pecados en un país donde la sobresaturación hace que se dicten sentencias de manera febril y ligera, y los propios jueces reconocen que no leen muchos de los escritos que se presentan).

El ministro ratifica sus declaraciones en los días posteriores y, para completar el círculo, Íñigo de la Serna, portavoz del gobierno, defiende su derecho a hablar de lo que quiera, “como todo el mundo”. Faltaría más.

Espero que todo esto en un futuro próximo nos parezca irreal. Y volvamos, al menos aproximadamente, a la época jurídica que nos vio nacer. De la manera más indemne, si es posible.

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Una mirada al nacionalismo desde la antropología evolutiva

Existe un experimento especialmente revelador para entender el nacionalismo. Lo dirigió Robbers Cave en un campamento de verano. Escogió a 22 chicos de la misma edad, con unas características semejantes y que no se conocían entre sí. Los dividió en dos grupos. La intención era dejar que cada grupo pensara durante una semana que estaba solo en el campamento (fase 1), para luego revelarles la presencia del otro grupo y así observar los resultados en la previsible situación de competencia que se generaría (fase 2). Para sorpresa de los investigadores, la hostilidad apareció incluso antes de que los dos grupos se encontraran directamente. Cuando llegó el momento de competir frente a frente, se pasó de inmediato a las descalificaciones y, muy poco después, a los palos y las piedras.

La fase 3 del experimento, al modo de la dialéctica hegeliana, consistía en unir a los dos grupos en uno solo pacífico. Pasar a esta fase costó un enorme esfuerzo. Sin duda, es mucho más fácil dividir a la gente que volver a unirla. Se hizo necesario promover “objetivos extraordinarios” y aun así la unidad alcanzada fue frágil y expuesta continuamente a la ruptura.

Entre los procedimientos más eficaces para generar conciencia de grupo está el de recurrir a un enemigo común. Se sabe que incluso los primates apelan a esta amenaza exterior como un modo de reducir las tensiones internas del grupo. Se necesita un “ellos” para generar un “nosotros”. En el caso del experimento tenía que ser un enemigo lo suficientemente poderoso como para que ningún grupo por su cuenta pudiera enfrentarse a él con éxito (únicamente un rival de este nivel haría olvidar -al menos de manera provisoria- la enemistad entre ellos).

Las conclusiones fueron claras: la mera división en grupos es motivo suficiente para disparar una conducta discriminatoria. No es necesaria la intervención de ningún investigador ni de ninguna situación experimental: la gente se divide en grupos de una manera rápida y espontánea. En general, basta coger un grupo de chicos, permitirles desarrollar una identidad grupal y luego dejarles descubrir que hay otro grupo que reclama ciertos derechos sobre un territorio que ellos consideran “suyo”: el resultado inevitable será el enfrentamiento hostil. Es bien sabida la rivalidad de pueblos vecinos que, a pesar de compartir una misma base étnica, cultural y económica, son capaces de alcanzar al odio con el menor desencadenante.

¿Por qué ocurre algo así? La explicación principal nos la ofrece la historia evolutiva de nuestra especie. Durante muchos millones de años los primates han vivido en grupos. Su supervivencia individual ha dependido de la supervivencia colectiva. El poder emocional de la grupalidad tiene, pues, un largo recorrido filogenético, debido a que nuestra única esperanza de supervivencia pasaba por el grupo.

Frente a este sentimiento ancestral, los griegos descubrieron la universalidad. De su mano, el hombre daba un paso decisivo para liberarse del último lazo que le ataba a la fatalidad gregaria y animal. El hecho humano -lingüístico, racional, artístico…- se ponía resueltamente por encima de sus concreciones locales. Por eso, los filósofos helenos de entonces fueron extraordinariamente críticos con sus dioses y sus tradiciones (y por eso también muchos de ellos fueron condenados a muerte). Esta apertura a lo universal -que podemos denominar `civilización´ a secas- ha sufrido avances y retrocesos a lo largo de los siglos. Cabe destacar, sin duda, el periodo ilustrado, que declaró su ambición de basar nuestra convivencia en la racionalidad común y cosmopolita. La reacción anti-ilustrada, por su parte, supuso la reaparición con más fuerza que nunca del `nosotros´ identitario y étnico. Los dirigentes no tardaron en comprender las posibilidades de una doctrina que situaba siempre, por principio, el enemigo fuera (¿qué mejor herramienta, por ejemplo, podía existir para detener el empuje de la clase proletaria?).

En el siglo XX la doctrina nacionalista provocó dos guerras mundiales e innumerables episodios violentos. Sin embargo, nada parece anunciar en la actualidad su declive. Por el contrario, goza de extraordinaria salud, incluso en lugares privilegiados económica y culturalmente, como Cataluña. Es más, fenómenos como la revalorización actual del papel del sentimiento en la vida pública, a menudo aderezada con abundantes dosis de anti-intelectualismo, favorece su causa.

¿Cómo es posible esta situación más de dos siglos después de la Ilustración? De nuevo tenemos que recurrir a la historia evolutiva humana. Nuestro cerebro tiene una estructura modular. Alguno de sus departamentos son accesibles a la conciencia y otros no. En lo relacionado con la conducta social nuestro cerebro tiene dos áreas: una destinada a las relaciones interpersonales y la otra a los grupos. La primera es accesible a la mente consciente, pero la segunda, en gran medida, no. Y ello tiene unas consecuencias extraordinarias. No es que el sentimiento de pertenencia a una nación sea más profundo que la amistad o el amor personal, sino que escapa más al control consciente y es, por ello, más peligroso. Los procesos relacionados con la grupalidad generalmente ocurren por debajo del nivel de la conciencia y adquieren una cierta cualidad ciega, instintiva, automática.

En definitiva, la grupalidad está registrada poderosa e inconscientemente en nuestra conducta. Eso nos exige una actitud racional de desconfianza y reflexión, pues -como dice Savater- “todos llevamos un brote nacionalista dentro”. El objetivo civilizado no sería sino una versión actualizada del freudiano “donde reine el ello, que reine el yo”; es decir, no dejarnos arrastrar por fuerzas inconscientes despersonalizadoras. Humanidad y libertad son la misma cosa, pero es preferible hablar de liberación y no de libertad, pues no se trata de un don natural ni de un estado, sino de una acción. Y esa liberación demanda, de manera preferente, desasirse de las parcialidades y cegueras que toda cultura particular conlleva.

¿Y cómo llevar a cabo esa tarea de tutela racional sobre los oscuros mecanismos de identificación grupal? Pues en primer lugar, conociendo a qué nos enfrentamos (este breve apunte pretende ser una humilde contribución en esa línea); en segundo lugar, desmontando (arrojando luz) sobre sus falacias favoritas; por ejemplo, que las personas con diferentes orígenes no pueden comprender plenamente las experiencias del otro; que el valor de una idea depende de la vivencia afectiva de quien la defiende; que existen derechos de los territorios, etc. En tercer lugar, mostrando las verdaderas raíces, aquellas que compartimos todos los seres humanos: el uso de los símbolos, la disposición racional, la conciencia de que vamos a morir, la capacidad de prever el futuro y de recordar el pasado, el humor, etc.

Una triple tarea educativa. Qué lástima que la enseñanza en nuestro país sea el otro desastre.

Carlos Rodríguez Estacio

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Amnistía para el compañero de celda de Jordi Sánchez

En algunas ocasiones, el sentir de un pueblo se encarna en una persona. Y no hay duda de que esa persona, en la “cuestión catalana”, no es otra que el preso que compartió celda con Jordi Sánchez. Ese preso, ejemplarmente pacífico y que nunca había tenido problemas con nadie, solicitó el cambio de celda porque su compañero no paraba de darle la «matraca con el asunto independentista», incluso pasadas las tres de la madrugada. No podemos imaginar una crueldad más grande.

Todos los españoles de bien, abrumados con la matraca que no cesa (cada mañana, cuando nos despertamos, la matraca todavía está ahí: en todas las radios, televisiones, periódicos y conversaciones), nos sentimos profundamente identificados con este preso, nuestro héroe, nuestro mártir, nuestro dolor.

Por otro lado, conmovidos por una pena que excede los límites punitivos de cualquier Código Penal (absolutamente nadie, por muchos crímenes que haya cometido, se merece un trato tan inhumano)

SOLICITAMOS al Estado español:

Que en el próximo Consejo de Ministros proponga la inmediata conmutación de pena del susodicho preso y que se contemple la posibilidad de concederle la Orden al Mérito Civil horroris causa.

https://www.change.org/p/consejo-de-ministros-del-gobierno-de-espa%C3%B1a-amnist%C3%ADa-para-el-compa%C3%B1ero-de-celda-de-jordi-s%C3%A1nchez

 

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Reforma del estado de las autonomías

CAFÉ PARA… QUIEN QUIERA PAGÁRSELO

Nuestro país arrastra un problema desde los tiempos del “café para todos” con su modelo territorial. Las comunidades autónomas han sido fuente de agravios comparativos, irresponsabilidad, desigualdad, cortijismo, despilfarro y corrupción. El gasto que implica mantener un Parlamento propio, decenas de Consejerías e innumerables cargos de libre designación han hecho que en este país haya una cifra superior a los 400.000 cargos políticos. Más que todos los médicos, policías y bomberos juntos. Eso nos coloca a la cabeza de toda Europa, doblando al segundo, que sería Italia (con 200.000). Una economía tan sólida como Alemania nos dobla en población y tiene cuatro veces menos clase política: 100.000. En términos proporcionales, las cifras son aún más rotundas: tenemos un cargo por cada 115 ciudadanos; en Italia uno por cada 300; en Francia uno por cada 325 y en Alemania uno por cada 800.

Los defensores del modelo autonómico plantean que no es una cuestión económica sino de índole política: que cada región tenga una representación política propia, dignidades parlamentarias, etcéteras. Ahora bien, en ese caso, deben ser los ciudadanos los que establezcan cuáles son sus preferencias políticas: si tener una mejor sanidad, justicia o educación o bien tener más políticos. Para que esa decisión sea realmente democrática debe ser planteada en unos términos inequívocos e igualitarios. Actualmente la financiación autonómica sigue criterios oscuros y graciables, por lo que existe la percepción de que es preferible tener instituciones políticas propias (y partidos nacionalistas propios) para así presionar más y mejor al gobierno de la nación y “traer todo el dinero posible” a la comunidad. Este modelo “ventajista” es incompatible con la promoción del interés común, aunque pueda resultar cómodo para el partido que gobierna, pues le permite “comprar” apoyos políticos sin necesidad de acuerdos programático, disputas ideológicas o investigaciones sobre corrupción.

A través de esta iniciativa planteamos que el reparto económico se haga según criterios estrictos de población, es decir, sin atender a ninguna otra peculiaridad que la derivada de la estricta igualdad aritmética (un ciudadano es un ciudadano). Posteriormente los votantes de cada comunidad podrán decidir emplear parte del presupuesto que le corresponda en parlamentos, televisiones públicas o entidades políticas propias, pero sin que ello suponga ningún patrocinio, tutela o rescate del gobierno de la nación ni, por tanto, deba ser financiada por el resto de los españoles.

El gobierno recuperaría las competencias en aquellas comunidades cuyos ciudadanos prefiriesen no tener representación política propia. Estas comunidades dispondrán, en consecuencia, de más presupuesto para otras partidas. Y serán gobernadas según el modelo francés.

Los firmantes solicitan, pues, el oportuno cambio constitucional para que se aplique en nuestro país este modelo de transparencia e igualdad.

https://www.change.org/p/gobierno-de-espa%C3%B1a-reforma-del-estado-de-las-autonom%C3%ADas

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Respuesta al artículo de Carlos Fernández Liria

Aquí el articulo: https://www.cuartopoder.es/ideas/2017/10/19/cataluna-el-conflicto-entre-democracia-y-legalidad/. Y abajo la respuesta:

Estoy completamente de acuerdo con los principios teóricos que invoca Carlos Fernández Liria. Y eso, en los tiempos que corren, ya es mucho. Pero no lo estoy tanto en algunas apreciaciones que hace respecto a su aplicación en Cataluña.

No puedo compartir que haya “un claro conflicto entre dos legalidades”. El Govern se ha situado, como reconoce el TC, sencillamente al margen de la ley, incumpliendo no solo las leyes españolas sino las autonómicas, las parlamentarias y hasta sus propios compromisos. También al margen de cualquier tutela judicial. Esta inseguridad jurídica es incompatible con cualquier democracia o régimen jurídico, pues no supone sino consagrar la vía de hecho como modo de actuación.

Quizás sea entonces, como el propio autor conjetura, una cuestión de legitimidad. Ahora bien, le cito textualmente: “En un Estado de Derecho no hay derecho a la rebelión porque hay derecho a la reforma. Mientras haya derecho a cambiar la ley legalmente, ni siquiera la democracia puede desobedecer la ley.” Frase contundente e impecable. Pero a continuación contrarresta, al menos parcialmente, su alcance con este matiz: “Por algún motivo que habrá que reflexionar, los votantes catalanes y sus representantes legítimos no han visto muy claro los cauces por los que se les ofrecía esa posibilidad de cambiar las leyes”. Pues es lo primero que habría que exigirles: que explicaran con máxima detalle las razones para la embolia legal y no darla por buena sin más, presuponiendo que ha de existir una justificación justificable. Tampoco me parece acertada la expresión “los votantes catalanes y sus representantes legales”, sinécdoque muy extendida estos días. En realidad, muchos votantes (más de la mitad) y muchos representantes legales (casi la mitad) se han opuesto al “atajo”, aunque le impidieran poder expresarlo en el Parlament (por cierto, que parlamentarios no pudieran parlar en el Parlament también dice bastante acerca de la sinceridad del diálogo que solicitan). Es algo obvio: cualquiera que se sitúe al margen de la ley y considere, sin embargo, que su postura es legítima, está obligado como mínimo a ofrecer las razones que están detrás de esa postura. Una máxima en el debate racional es que afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. No digamos en el caso de actuaciones extraordinarias y extra legem.

La única ley de suyo incompatible con el marco constitucional es el mal llamado derecho a decidir (no existe tal derecho). Ahora bien, resulta evidente que, de cara a impulsar un hipotético cambio constitucional que creara el derecho inexistente, no es lo mismo venir avalado con una significativa mayoría que con la mitad, al menos, de catalanes en contra. Es algo gravísimo, además, que se justifique la suspensión de la legalidad y la acción por la vía de hecho en un asunto que divide por la mitad a la población. Las consecuencias dramáticas las estamos viendo día a día.

Cuando tienes centenares de millares de ciudadanos en la calle, no puedes pretender arreglar las cosas con el Código Penal, desde la convicción de que están llamando a la sedición o la rebelión”, dice el profesor. Es evidente que la vía de la represión penal no supone el arreglo de la situación, pero tampoco esta puede provenir de “dar la razón” automáticamente a los centenares de millares de ciudadanos que se manifiestan en las calles. Por varios motivos, de los que destacamos tres: 1) Los centenares de millares de ciudadanos tienen las elecciones para hacer valer sus preferencias políticas (es, además, epistemológicamente débil y socialmente peligroso conceder a la calle la expresión directa de la voluntad popular); 2) Los centenares de millares de ciudadanos tienen como límite la ley (también fueron centenares de millares de ciudadanos, sin que quepa comparación, los que se lanzaron a las calles en “la noche de los cristales rotos”); nunca hemos de olvidar que en este conflicto entre catalanes, una mitad oprime a la otra; por tanto, únicamente podría atenderse las reivindicaciones populares de manera hemipléjica y anti-popular; 3) Frente a esos centenares de millares de ciudadanos en Cataluña están otros centenares de millares de ciudadanos que reivindican exactamente lo contrario (y no olvidemos que los primeros quieren decidir que los segundos pasen a ser extranjeros en su tierra). De hecho, impresiona más la cifra de un millón de manifestantes el 8-0 que la de dos millones de votantes el 1-0, suponiendo -y es muchísimo suponer- que esta cifra proporcionada por la Generalitat fuera aproximada).

Reconozco que la disquisición que se hace entre razón y sinrazón no la entiendo; o, mejor dicho, no entiendo la oportunidad en el tema que se discute. Este mundo “está montado con dinero y con armas”, sin duda, pero la herramienta que tenemos para civilizarlo es la razón (una razón bien acompañada cordialmente). Es precisamente la razón, una razón integral, hasta la raíz, no parcial y sujeta a intereses, la única posibilidad de que los desheredados dejen de serlo o lo sean cada vez menos. Puedo compartir el análisis de la hipocresía de muchos que están indignados por motivaciones que nada tienen que ver con la violación del derecho o de la racionalidad. Pero eso ni justifica los hiatos jurídicos ni tampoco ayuda a la causa de los desheredados. En todo caso, reclama su generalización más allá del ámbito concreto de controversia. El autor expone admirablemente en su excelente libro (con otros dos autores) Escuela o barbarie que es un error confundir el incumplimento de la Ilustración con su fracaso. La solución al oscurantismo no es sino más y más Ilustración. Pues lo mismo ocurre con la racionalidad y la ley. Está bien dar un tirón de orejas a quien se lo merece, pero, luego, procede centrarse en lo que importa. Por ejemplo, el inequívoco clasismo y supremacismo que está detrás del independentismo catalán.

O también la comprensión de por qué se ha llegado a la situación actual, con montañas de dinero -en la comunidad autónoma con recortes más drásticos y mayor corrupción- invertido durante décadas en hacer ingeniería social. ¿Acaso no consiguió Hitler, con muchos menos medios, resultados mucho más espectaculares en cuanto a seguimiento multitudinario? Desmontar esta estructura totalitaria, pavimentada con mentiras y coerciones, va a llevar tiempo, sin duda. La maquinaria de propaganda es sencillamente colosal. Pero a esta puesta en escena tan formidable le corresponde un argumento mínimo, a ratos demencial. Y es lo que se debe denunciar. El Código Penal no va a resolver el problema, claro, pero eso no significa que no pinte nada o que quede excluido de la cita. Es evidente que a un paciente con osteogénesis imperfecta (conocida como “enfermedad de huesos de cristal”) que se presenta en consulta con una fractura, no se le cura su enfermedad con las medidas traumatológicas al uso (inmovilización, enyesado, etc.). Ahora bien, ¿sería preferible no aplicarlas?

En definitiva, que nos enfrentamos a un problema complejo; por tanto, no caben soluciones simples. Será necesarias, sin duda, muchas dosis de imaginación y pedagogía políticas. Y también evitar la tentación de saltarnos la ley o recompensar la coacción, que, en el mejor de los casos, adormecería el conflicto para reaparecer, poco después, con mayor virulencia.

Carlos Rodríguez Estacio

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UNA RESISTENCIA IRRESISTIBLE. O CÓMO ACTUAR ANTE LA REVOLUCIÓN QUE-DA-RISA

Quizás no tenga el glamour ni la grandeur de la Résistance française, pero si hablamos de ingenio y gracejo ya es otra cosa… Los regímenes totalitarios se han llevado siempre muy mal con lo cómico. En el cuento “El traje nuevo del emperador” un niño revela que el emperador está desnudo. En el caso actual, se muestra no que los reyes Ubú están desnudos sino que dan risa.

Entonces mucho más preciso que “la revolución de las sonrisas” sería hablar de “la revolución que da risa”. Frente a ella, ha surgido `La Resistencia de las Carcajadas´. Una resistencia, por lo demás, irresistible, como Vds. mismos podrán comprobar.

Síguelos aquí: http://www.resistenciacatalana.es/

Colocamos aquí el enlace a su primer vídeo, que recoge el momento absolutamente histórico en el que ejercen, por fin, en su balcón el derecho a decidir: https://www.youtube.com/watch?v=aS8bl1zB5Rw&sns=em

Y aquí la primera entrevista que conceden a una cadena de televisión (no, no está previsto que la Sexta les llama a alguno de sus programas de bate) : http://www.telecinco.es/elprogramadeanarosa/Ana-Rosa-declaracion-independencia-Jaume_2_2449680052.html

¡Ánimo, valientes, y a seguir con las mandíbulas bien puestas!

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